Nuestros árboles de té crecen inmersos en un bosque de niebla, cerca al Océano Pacífico entre 1.750 y 2.050 msnm y sus raíces se alimentan de tierra andina colombiana; a diario cosechamos y procesamos sus hojas con amor, con cuidado, poniendo atención a los detalles para entender, cada vez mejor, cómo se cultiva esta planta originaria de Asia en medio de un país tropical.

En nuestro jardín de té hay árboles de tres variedades de Camellia Sinensis; unos tienen más de 60 años y otros llegaron de nuestro vivero hace tan solo unos meses. Hay casi treinta mujeres y hombres cosechando a mano los cogollos con los que hacemos tés verdes, blancos y negros. En la planta de producción hay expertos conocedores revisando la calidad de cada cosecha, hay máquinas de alta tecnología, hay mezcladoras en las que incorporamos a mano las frutas y el cacao de nuestras mezclas y cuartos de los que sale el té empacado y listo para consumir.

En el corazón de nuestra empresa hay un profundo respeto y una enorme gratitud por la tierra y por todas las personas que hacen parte de esta familia, de esta aventura. Por eso nos empeñamos en cuidar nuestro equipo y nuestro planeta con cada uno de nuestros gestos.

La geografía, el ecosistema y la atención que ponemos a cada parte del proceso hacen que nuestro té sea único; le dan su cuerpo y particular astringencia, su color translúcido y brillante, una complejidad que ofrece diferentes notas de sabor en una sola taza –en nuestro té negro, cacao y uva dulce; en el té verde frutas y nueces y en el té blanco un tono adulzado de flores y frutos secos–. Por esto hemos logrado, en muy poco tiempo, posicionar el origen Colombia en mercados mundiales de té especial de hoja suelta, porque cada hoja de té Bitaco contiene la historia de nuestra tierra, de su riqueza, de sus sabores dulces de trópico y del mar en el que culmina, cada hoja contiene el sabor de un mundo mejor.